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El problema con la educación es que el futuro no es lo que solía ser

A continuación Maru nos cuenta que el problema con la educación es que el futuro no es lo que solía ser.

Dice una antigua historia que todos tenemos en nuestro interior dos lobos, uno que representa la maldad, la crueldad, la destrucción, la desesperanza, la inacción, la melancolía, y el otro, exactamente lo opuesto, la pasión, la bondad, la esperanza, la voluntad, la creatividad. Estos dos lobos están constantemente en guerra, pero siempre, en un momento de nuestras vidas uno gana y toma el control. Ustedes se preguntarán: ¿cuál? El que cada uno de nosotros decide alimentar con nuestras acciones y pensamientos diarios.

Como docente hay algo que no comprendo y es que dentro del sistema educativo los niños y jóvenes están expuestos a informaciones muy  desesperanzadoras sobre la condición humana, su futuro y el del planeta. A los chicos se les habla sobre los problemas de la contaminación, el calentamiento global, el derretimiento de los polos, la extinción de especies, las guerras, la hambruna, las epidemias… pero nunca se subraya que al menos hoy tenemos conciencia sobre estos problemas y hay gente que trabaja para CREAR SOLUCIONES.

Un enorme porcentaje de la educación que reciben nuestros alumnos gira en torno a todo lo que nuestra generación y antecesores han hecho mal y lo poco o nada que les ha quedado del planeta sin arruinar para su disfrute.

 Les hablamos de lo malo que son el TV, los Video juegos y las tecnologías que inventamos nosotros, los adultos, y cuyas ventas los tienen como target principal.

Los llenamos de ansiedad y angustia sobre lo que les espera en trabajo o en la facultad, pero los educamos para un futuro cercano completamente impredecible con herramientas y concepciones de hace siglo y medio o dos atrás.

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Nos enoja su desánimo e impasibilidad, no obstante, cada vez que nos hablan de sus intereses les decimos con absoluta seguridad que esas son estupideces, que del arte, la música, la danza o la programación de video juegos no vive nadie. Les pedimos que maduren rápido porque la realidad es dura, áspera, fría y cruel. Les decimos que si no saben análisis matemático o definir un texto descriptivo no son inteligentes, pero no vemos otras habilidades y capacidades en las que pueden descollar.

Y luego nos rasgamos las vestiduras porque recurren a sustancias que los anestesien para soportar el castigo prometeico de vivir sin un mañana probable, para mantener atadas sus ganas de soñar.

Nosotros les enseñamos a matar de inanición al lobo bueno y luego los tratamos de irresponsables por dejarlo morir.

¿Por qué pasa esto? Porque es más fácil ver todos los desaciertos del presente y sentarnos a lamentarnos que buscarles solución. Porque recitar como un mantra que la vida es difícil nos excusa de hacer el esfuerzo para que sea fácil. Porque el Apocalipsis nos iguala a todos y por eso nos fascina ¿para qué trabajar por ser especial, si tarde o temprano los mejores y los mediocres tendrán el mismo final?

La educación que los chicos reciben hoy en las escuelas públicas de nuestro país y de muchos otros se centra en dos cuestiones: transmitir conceptos que ya no son útiles y mucho menos los serán en cinco o diez años y enseñar a no soñar.

La vertiginosidad con la que cambia el mundo en la actualidad empujado por el desarrollo científico y tecnológico vuelve el futuro cercano completamente impredecible lo cual impide al sistema educativo en general garantizar una educación para la inserción laboral. Lo exige el mundo actual de la educación es que forme sujetos flexibles, familiarizados con las técnicas para generar nuevas ideas, que no tengan miedo a innovar, que prefieran el riesgo a la cautela, que sepan trabajar colaborativamente, que tengan un alto desarrollo de empatía… En este punto creo que queda claro que la currícula de la educación pública está exactamente en las antípodas.

¿Qué necesitamos para que esto cambie? ¿Esperar que cambie el gobierno? ¿El Ministro de Educación? ¿El sistema económico? no, nada de eso. Paracambiar la educación solo debemos cambiar nosotros. Los docentes primero. Porque los cambios que realmente valen la pena vienen desde adentro del sistema. Debemos volvernos ejemplo. Si los alumnos nos ven apasionados por lo que hacemos verán que no todo está perdido. Si los padres ven que queremos trabajar juntos para el bienestar de sus hijos se unirán a nosotros.

Cuando un edificio se agrieta, el mundo exterior sea el agua, el viento o la maleza, se filtran por esas pequeñas aberturas.

La educación es una institución agrietada, a punto de derrumbarse. El lobo malo ha comenzado a filtrarse y se encontró con gente que está dispuesta a darle un banquete de bienvenida. La solución es simple, pero conlleva esfuerzo y radica en rehabilitar al lobo bueno de la desnutrición en la que o tenemos. ¿Si no es ahora cuándo? ¿Si no lo hacemos nosotros quién?

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 Maru Duró

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