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¡No me esperaba esta respuesta!

Los nuevos paradigmas de la comunicación y las ciencias que estudian “lo humano” plantean que los vínculos entre las personas se dan a través de las conversaciones que sostenemos con nuestro entorno, y es desde este lugar que accionamos en el día y día y creamos, fortalecemos o dejamos los distintos vínculos que tenemos. Si nos paramos de este paradigma, yo particularmente me adhiero, entonces tenemos a la comunicación como base de nuestros vínculos, y con esta viene indefectiblemente el arte de preguntar, que siendo honesto no es tema menor. Mucho se ha escrito y estudiado al respecto, pero la mayoría de los investigadores y estudiosos concuerdan es que sigue siendo una de las principales fuentes de conflicto en nuestras conversaciones, tanto así que existen formaciones y entrenamientos que se basan en el cómo preguntar. Ahora bien reconozco que hay muchos caminos por los que se puede tratar este tema, pero quiero hacer una elección arbitraria y enfocarme sobre lo que nos pasa cuando recibimos una contestación y lo primero que pensamos es “!No me esperaba esta respuesta!”, cuando al preguntar nos encontramos con una realidad que sentimos sorprendente, inaudito y en muchos casos nos deja totalmente fuera de lugar porque no estábamos preparados para oír lo que el otro nos dijo.

Muchas veces cuando conversamos nos olvidamos de que una conversación es, como nos dice Rafael Echeverría, la conversación es una danza, un acto dónde se diseña el futuro y se acciona sobre nosotros y los demás; las conversaciones son mucho más que un acto estático de intercambio de información, como lo plantea el paradigma tradicional, sino que es a través de las conversaciones que generamos nuevas realidades, modificamos el mundo y nos permitimos acceder a nuevas posibilidades, o limitamos nuestro accionar tal como lo señalan las corrientes de la filosofía del lenguaje.

Si reconocemos la importancia de esto, entonces somos responsables de generar nuestro mundo, crear las posibilidades en nuestro devenir y accionar sobre los demás cada vez que nos comunicamos, por lo que estamos ante una gran herramienta, y como toda herramienta debemos aprender a usarla de forma efectiva para obtener los mejeros resultados. Justa en esta fase es donde solemos enfocarnos solo en aprendes a expresarnos, la escucha activa y el arte de indagar, que sí bien son las bases fundamentales de una buena comunicación no lo son todo. Prepararnos solo de esta forma es prepararnos para hablar, responder de forma acertada y ser efectivos en el plano de lo previsible por nosotros, ¿Pero qué pasa cuando nos dan una respuesta que nos descoloca por completo?.

Normalmente escuchamos sólo para responder o desarmar el argumento del otro, preguntamos para confirmar sospechas y conversamos buscando convencer o teniendo una conversación pre-armada en la cabeza, pero la naturaleza de las conversaciones, son justamente la interacción entre personas, y con esto el intercambio de ideas, pensamientos, sentimientos y modelos mentales, dicho en otras palabras el intercambio de lo que somos; y desde este lugar tiene efectos inesperados el pararnos en la postura de adivinos, nos pasa con frecuencia que al estar conversando nos topamos con una opinión diferente, una respuesta sorpresiva, un revés que no esperamos, nos presentan un camino alterno invisible para nosotros, o simplemente nos dan como devolución un comentario que no veíamos venir.

Hace muchos años escuché de un profesor una frase que me marcó: “Para preguntar algo debes estar seguro de querer saber la respuesta”, en aquel momento era muy joven y la frase quedó como una más de las tantas que decían mis profesores, pero a los pocos días se me ocurrió pedirle a un amigo su opinión sobre algo que había hecho, realmente buscaba que me dijera que yo tenía la razón, y la respuesta que me dio me descolocó por completo, no tenía sentido nada de lo que me decía y me dejó una sensación desagradable, con los días recordé esa frase que me dijo el profesor y entendí a qué se refería y le di toda la razón, de hecho la traté de tomar como un mantra para mi vida, a veces logrando guiarme por ella y otras no.

Con el paso del tiempo fui teniendo diversas experiencias que reafirmaron la importancia de estar preparado para escuchar esas respuestas que no quería, pero en la práctica me parecía imposible estar preparado para todo, así que dando vueltas, conversando con colegas, mentores y amigos, leyendo y haciendo el clásico prueba y error encontré una forma de sentirme capaz de afrontar estas situaciones, espero que les sea útil:

  1. Hacer la pregunta correcta: La mejor forma de obtener una respuesta es preguntando lo que realmente queremos saber, sin rodeos, con respeto y mucha claridad.
  2. Escuchar activamente: Escuchar activamente significa oír con el cuerpo, con los sentimientos, con el ser, oír para entender, para acompañar, para dialogar, estar presto a escuchar lo que el otro tiene para decir sin interrumpir y dándole claras señales de que entendemos lo que nos dice.
  3. Pedir aclaraciones: muchas veces damos cosas por sentadas o creemos entenderlas, o tenemos vergüenza de quedar en desventaja y no preguntamos algo que no entendemos bien, o creemos que las dudas son pasajeras, es preferible pedir aclaraciones constantemente que quedarnos solo con nuestros pensamientos.
  4. Ser respetuosos: muchas de las respuestas que nos dan nos llevan a lugares muy emocionales, es importante reconocer esto y saber respirar profundo y dar una respuesta respetuosa, o si las emociones nos exceden, pedir finalizar la conversación con el compromiso de seguirla en un momento en que nos sea posible continuarla siempre en un marco de respeto por el otro.
  5. Entender nuestras señales de alarma: normalmente el cuerpo nos alerta sobre cómo nos sentimos, sobre si estamos preparados o no, nos dice que está pasando internamente para que tomemos acciones, pero solemos ignorar estas poderosas señales y seguir adelante, en línea recta a ese destino del que queríamos huir. Por eso antes de preguntar tomemos unos minutos para sentir esa pregunta y saber que nos dice el cuerpo que es más sabio de lo que creemos.
  6. El recurso de salida: Supongamos que hicimos todo lo anterior y aun así el “No me esperaba esta respuesta” nos vence, pues no hay problema, la vida está llena de sorpresas, en esos casos respiro hondo, expreso como me siento y veo si desde allí puedo seguir la conversación en un rumbo nuevo o pido dejar la conversación para otro momento explicando mis razones y preguntándole al otro si está de acuerdo.

 

Si bien estos pasos me han ayudado muchas veces, no hay que olvidar que la vida tiene derechos y reveses, idas y venidas y toda la gama de colores, a veces solo basta con cambiar la forma de ver esa respuesta inesperada y tomarla como una oportunidad de conocer al otro, conocernos a nosotros o simplemente dejarnos sorprender y aprender algo que no teníamos en mente.

 

Contacto: benitobolivar@gmail.com o por mi página web

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