La semana pasada, comenzamos a tratar algunos mitos que popularmente se ven en el Liderazgo. Muchos de esos mitos evitan el desarrollo de nuestro Líder interior, ya que solemos verlo como alguien inalcanzable o por lo menos fuera de nuestra posibilidad. Y esto genera limitaciones para convertirnos en el Líder que siempre soñamos ser.

Desde siempre ha habido líderes con características y formas de liderar. Líderes tan diferentes como los que ha habido en el mundo: William Wallace luchando contra el enemigo que los quería dominar. Mahatma Gandhi quien condujo la marcha de las 200 millas para cruzar el mar en protesta contra el impuesto de la sal. Mary Kay creando y estando al frente de una organización a nivel mundial. Cada uno impactando y tocando la vida de cientos y hasta millones de personas.

Sin embargo con estos ejemplos,  podemos caer en creencias limitantes ya que solemos pensar que los Líderes están en la cima de todo grupo o toda organización. Y este es nuestro segundo mito: “Solo se puede dirigir si estoy en la cima”.

Es muy frecuente pensar que para dirigir se tiene que tener o estar en una posición designada por otro, o estar al frente de algún grupo numeroso de personas. En realidad, hay que diferenciar la posición del rol. Una cosa es estar en un puesto de Director, Gerente o al mando de un grupo y otra muy distinta es ser un líder dentro de ese grupo. Lo ideal es que el que este al mando y el líder sean la misma persona. Un ejemplo lo podemos encontrar en la película “Gladiador”: en donde su protagonista llamado Máximo es tomado como esclavo y vendido como gladiador para que pelee en la arena romana. Podemos ver allí a Próximo quien dirige y está a cargo de todo el grupo de luchadores y su tarea es planificar las diferentes disputas. Es el que está en el rol de Director de ese grupo. Pero el que motiva, alienta y da valor a sus compañeros es otro, y es justamente quien encarna el papel de Líder.

Por lo tanto, los líderes no son siempre aquellos que están en lo más alto. Por lo tanto quiero que te quedes con esta idea: Liderazgo no es igual a posición. Es igual a influencia. Y cómo influenciemos a las personas determinará el grado de liderazgo que tengamos. Te invito a pensar entonces a quien tenés al lado. Una esposa, un hijo, un compañero de trabajo, un amigo, un cliente. Podés influenciar a esas personas con lo mejor de vos, con tus valores, para que puedan dar lo mejor de sí mismos. Que puedan descubrir el tesoro que llevan dentro y de alguna forma, despertarlos a todos aquellos recursos que poseen y que, por alguna razón, aún no están pudiendo ver.

Alentarlos a que atraviesen sus miedos. Desafiarlos a dar lo mejor de ellos. Comprometerlos con sus propios valores. Y que extiendan sus alas para que comprueben que pueden volar cada vez más alto.

Como bien lo describió Eleanor Porter:

“La gente necesita estímulo. Sus poderes naturales se deben fortalecer, no debilitar. En lugar de insistir en las falencias de una persona, háblale de sus virtudes. Resalta sus mejores cualidades, ¡su verdadero ser se atreverá, hará y triunfará!!!»

Esta Columna Fue emitida en el programa de Radio Efecto Butterfly, la edición “Objetivos, Condiciones de la Buena Forma”, podes ver el programa completo en:

https://www.fandelavida.com/objetivos-condiciones-de-la-buena-forma-programa-17/