Soy tu amigo fiel

In Coaching, Programación Neurolingüística (PNL) by FandelaVidaLeave a Comment

¿Como sociedad, como simples ciudadanos escuchamos más o hablamos más? ¿Tenemos amigos/as con quienes compartimos gustos, preferencias, historias y los escuchamos, en qué situaciones / experiencias o contexto? ¿Nos escuchan? ¿Aprendemos con ellos/as, entonces aprendemos juntos? ¿Los abrazamos, los besamos y les decimos ¡cuánto los queremos!: Hoy mi amigo/a fiel.

 En el libro de John C. Maxwell titulado “A veces se gana, a veces se aprende”, el escritor dice: “Debo admitir que la escucha fue una habilidad que yo tuve que aprender. Hablar me es mucho más natural. (…) Nunca se me acaban las palabras. Me gusta marcar la pauta. Me gusta entretener. Me gusta enseñar y ser mentor. Pero hablar no es aprender. Escuchar sí” siendo así él se apoyó en su libro con la palabra de un columnista norteamericano cuyo nombre es Doug Larson quien afirmó: “La sabiduría es la recompensa que obtienes de una vida de escuchar cuando hubieras preferido hablar”[1]. Entonces, el poder de escuchar, de considerar la palabra del otro no nos viene dado naturalmente, es una práctica comunicativa y social que desarrollamos a medida de nuestra vida, de nuestras dificultades y también de nuestros aciertos.

Desde sus orígenes, en el proceso de sociabilización el ser humano necesita de otros, primero de su madre,
luego de su familia (padre y hermanos), más tarde en la escuela, continuando en la Universidad, en el trabajo y en la vida cívica. Necesariamente recurrimos a la palabra oral para manifestar un pedido, una afirmación o un sentimiento. En ese transcurrir de la vida, conocemos otros semejantes quienes comparten nuestras horas, largas horas, y los llamamos “amigos”.

El valor de la amistad es indudablemente no mensurable pero capaz de lograr una sonrisa genuina en momentos de tristeza o soledad. A medida que crecemos nos batimos diferentes y variadas “luchas” pero nuestro corazón conoce que esos aliados que llamamos amigos nos van a sostener con sus brazos evitando que la caída sea mayor ayudándonos a elevar la mirada y confiar en un horizonte menos gris y más feliz.  En nuestros pensamientos cobijamos los recuerdos más alegres, las anécdotas de viajes más divertidas y desopilantes y las fotografías de los abrazos, de sus regalos y de sus palabras de afecto.

Amigos que recorren caminos y distancias muy lejanas y tan cercanas al mismo tiempo, con quienes brindamos en Navidades o abrazamos en la cena de Fin de Año agradeciendo a Dios que los hayamos conocido y que estén a nuestro lado, en nuestros cumpleaños, en nuestras pérdidas y en nuestras celebraciones de amor.

A decir verdad y yendo más hondo con la palabra amistad. Ésta es un valor que nos jactamos entre los argentinos y como sociedad, pero cuánto de la palabra amigo carecemos. Fácil es querer a quien nos quiere, difícil es querer al diferente, con quienes no compartimos las mismas creencias o convicciones pero que nos une algo superior, algo más importante: nuestra identidad. Así es como se entiende por “identidad nacional” a aquella identidad de una persona que se relaciona con una nación a la cual pertenece, sea ésta por haber nacido en el mismo territorio o por formar lazos de pertenencia con las costumbres y tradiciones de tal nación[2]. Entonces por qué como sociedad aún nos dividimos o nos diferenciamos cuando el pasado común, nuestra Historia y nuestras tradiciones envuelven a este país en batallas ideológicas que poco resultado tienen y mucha división genera.

¿Por qué no aunamos esas diferencias para construir una Patria más honrada y más fraterna?  ¿Cómo ser amigo o solidarios nos deja más satisfacción y gratitud que si no lo somos? Entonces ¿por qué no pensar juntos, escuchar al otro y no despreciar ni devaluar su forma de pensar sólo por considerarlo distinto, diferente?

Asimismo el gobernador santafecino, Miguel Lifschitz, afirmó[3]: “la mayoría de los argentinos entendimos que el futuro está en nuestras manos y lo vamos a construir todos juntos” y porque aquí “no hay un líder mesiánico, un iluminado”.Por ende como sociedad, como Nación es nuestro deber construir bases firmes garantizando el bien común y la libertad de todos aquellos que quieran habitar suelo argentino tal como lo expresa nuestra Constitución y dejar a las generaciones que vienen un sentimiento de amor a lo nuestro y de un inmenso corazón con quien compartir este paso por la Tierra.

En este sentido amistad e identidad forman dos caras de una misma moneda. La moneda de la fraternidad y el diálogo, donde cada uno tenga su voz para pronunciar al mundo: un país próspero, fraterno y democrático.

Redactora: Maria JulianaCalbeira

Correo Electronico: mjcalbeyra@gmail.com

[1] Maxwell John, “A veces se gana, a veces se aprende”, página 124.

[2] http://www.definicionabc.com/social/identidad-nacional.php

[3] Diario La Nación, jueves 21 de julio de 2016, Sección Política.

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